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El patrimonio natural comprende aquellos espacios, formaciones y ecosistemas que poseen un valor universal excepcional desde el punto de vista científico, ecológico o paisajístico. Se incluyen en esta categoría grandes formaciones geológicas, paisajes de singular belleza, ecosistemas representativos y hábitats de especies amenazadas cuya conservación resulta esencial para la biodiversidad y el equilibrio del planeta. La UNESCO reconoce estos lugares como Patrimonio Mundial Natural cuando cumplen criterios estrictos de autenticidad, integridad y relevancia global. Ejemplos paradigmáticos son la Gran Barrera de Coral en Australia, el Parque Nacional de Doñana en España o las Cataratas del Iguazú entre Argentina y Brasil.
Junto a esta figura, la UNESCO impulsa también el programa Hombre y Biosfera (MaB), en cuyo marco se designan las Reservas de la Biosfera. A diferencia del Patrimonio Mundial Natural —centrado en la excepcionalidad y protección estricta—, las Reservas de la Biosfera promueven un modelo de equilibrio entre conservación, desarrollo sostenible y apoyo logístico a la investigación y la educación ambiental. Estas reservas integran zonas núcleo protegidas, áreas de amortiguamiento y espacios de transición donde se desarrollan actividades económicas compatibles con la sostenibilidad. De este modo, no solo preservan valores ecológicos, sino que fomentan la convivencia entre las comunidades humanas y su entorno natural.
Ambas figuras, aunque distintas en su enfoque, comparten un objetivo común: garantizar la protección del patrimonio natural como legado irrenunciable de la humanidad, articulando conservación ambiental, responsabilidad social y desarrollo sostenible.




